
martes, 30 de junio de 2009
Crisis, transición, cambio

miércoles, 24 de junio de 2009
Tras la escena
“Me vi adentrándome cada vez más en aguas desconocidas (…)
colmado constantemente de desconcierto y asombro”
Miles Harvey
Habíamos acordado hora y lugar un par de días antes. El sábado 23 de Mayo mi compañero y yo nos encontramos a las cinco de la tarde en las puertas del Museo Palais de Glace, situado en el barrio de Recoleta. A ambos se nos veía expectantes. No sabíamos con exactitud que muestra nos esperaba dentro del museo y sin embargo, esto hacía crecer nuestras ansias.
Nos adentramos en él dejando tras las puertas un día sumamente soleado y caluroso. Gracias a una serie de folletos nos enteramos que se estaban exhibiendo varias muestras en paralelo. De esta manera, encaminamos nuestro recorrido.
En la planta baja del museo presenciamos la exhibición de Roberto Scafidi, artista argentino. Retrospectiva. Con este nombre se hacía conocer la muestra. No es un detalle menor ya que implica tanto para el autor como para el visitante imaginar un viaje hacía el pasado. Replantearse a uno mismo lo que nos compone hoy en día. Luis Felipe Noé, quien hace una mera reflexión a cerca del trabajo de Scafidi nos plantea: “Roberto Scafidi, es el inventor de su propio juego (…) ¿con quién lo juega? Con el fantasma de su propio ser que se va revelando en ese acto”.
Las obras con las cuales nos encontramos poseían una gran semejanza unas con otras. Predominaban la abstracción geométrica y una gran variedad cromática. Definitivamente nos encontrábamos dentro del “juego” del autor. Las obras como laberintos se complementaban con las figuras del hombre de una manera muy particular, muñecos.
Tras realizar una minuciosa vista por cada una de estas obras nos vimos envueltos en la necesidad de preguntarle a la guía del museo, estudiante de Historia del Arte en la Facultad de Buenos Aires, algunos datos a cerca del artista. Nos introdujo en tema. Nos comentó que a Scafidi no le interesa producir la realidad, aquello que vemos, sino trabajar el lenguaje propio del arte plástico, es decir sus colores, formas y composición.A pesar del dinamismo que proponía la exhibición, no había mucha gente presenciándola. Los pasillos del museo parecían sumamente amplios y vacíos. Esta cuestión fue retomada a la hora de la entrevista con la guía. “La gente que visita el Palais de Glace suele ser muy variada en edad y en perfil”, fue su explicación; “la fotografía parece ser más atractivo para una composición más variada de público, más masivo”.
Sin más, y con una gran acumulación de colores en la retina de nuestros ojos y formas geométricas saturando nuestra mente, dejamos atrás la muestra de Roberto Scafidi para subir al primer piso del Palais de Glace.
Tal como se nos había dicho, una muestra fotográfica acarreaba un mayor número de visitantes en aquel primer y único piso. Curiosa similitud: las obras de Scafidi simulando ser laberintos constantes y frente a nosotros, una muestra fotográfica titulada Laberinto de miradas.
Esta segunda muestra, incluía fotografía documental de gente que trabaja en colectivos. Lograba abarcar diferentes países y temáticas. Las costumbres de la gente, niños jugando, comidas y vida cotidiana eran representadas por las fotos de estos distintos y variados autores. Los hechos se encontraban explícitos. La postura interpretativista era inapropiada, tal como plantea David Olson en El mundo sobre el papel acerca del arte holandés del siglo XVII.
Si bien para mi la muestra no era tan atractiva, el público parecía muy sumergida en ella. Se rescataban comentarios comparativos entre los hechos cotidianos de allá (sea cual fuere el lugar fotografiado que se encontraban mirando) y costumbres propias de nuestro país. En algunos casos, no parecían muy distantes.
Tras una hora de visita por el museo, mi compañero y yo nos encaminamos hacia la última exhibición; Proyecto Circular. Esta muestra encerraba veinte jóvenes artistas argentinos en circuito. “Las obras aquí exhibidas ofrecen diversidad” explica Oscar Smoje, Director del Palacio Nacional de las Artes, en el folleto de presentación del museo, “las temáticas varían entre ciudad, vida privada, fantasía, realidad social”.
El título que englobaba esta última muestra era mera representación del espacio físico del museo en el cual nos hacíamos presentes. La gran distribución del espacio y su destacada circularidad permitía al observador un amplio panorama de todas y cada una de las obras con tan solo encontrarse en una de las entradas de ese gran salón.
Pudimos observar tres obras por sobre las demás. Los motivos comunes por los cuales hicimos esta distinción fueron por el tamaño mismo de las obras, el reflejo de la dedicación de sus autores y la iluminación con las cuales estaban montadas.
La primera obra pertenecía a Andrés Bisserier. Mediante técnicas mixtas se observaba una representación cotidiana de una manera poco usual. Comentando acerca de ella, mi compañero y yo recordamos un concepto visto durante la clase de Taller de Expresión I. Para Freud “lo siniestro en lo personal”. Cuando lo hogareño o cotidiano se vuelve extraño. Este extrañamiento, tomado desde la forma en la cual se encontraba representada una imagen tan común: una habitación con libros, sillones, mesas; pintada con acrílico (blanco y violeta) sobre un espejo de un tamaño enorme. De la misma manera, el espejo, algo tan cotidiano se veía extrañamente tomado como base del dibujo.
La obra de Florencia Vivas, Bosque, era la segunda obra que captaba nuestra atención. Poseía una mayor riqueza cromática, diferentes tonalidades de verde. Varias series de planchas de papel con forma de árboles les otorgaban profundidad. Al final de ellas, en negro la imagen de un animal feroz aparecía de manera desapercibida. Me remontaba al cuento infantil de Caperucita Roja y el Lobo.
Por último 40 días de Andrés Paredes superaba todo lo visto. En papel negro podíamos ver una obra dividida al medio. Estas dos partes eran exactamente simétricas, a modo de espejo. En ella una serie de detalles minúsculos dados por el trabajo del artista. Mi compañero y yo intentábamos despegar nuestra mirada de la obra y sin embargo nuestros cuerpos giraban para contemplarla una vez más.
Una profesora del colegio secundario solía hacer mucho hincapié en el tema del espejo en la literatura. La imagen invertida. Tratar de encontrar significaciones en los textos y relacionarlas con en nuestras experiencias.
Tanto el espejo mismo como protagonista de la primer obra, y el posible efecto espejo de la última, hacían ruido en mi interior. Laberinto, búsqueda, espejo. Sin decir nada, decidí dejar este pensamiento de lado, hasta poder encontrar un momento que acreditara su reflexión.
Tras justificar el por qué de las obras destacadas, conversamos con algunos jóvenes extranjeros que se encontraban en el salón. Nos intrigaba saber qué muestra había sido de su mayor agrado. Su respuesta sin duda y asemejándose a la de la guía del lugar, fue la muestra fotográfica, debido a su representación realista.
Sin mucho más tiempo, debido al cierre del museo, mi compañero Daniel y yo nos retiramos haciendo antes un panorama general de lo que habíamos visto. Sacamos fotos de las obras que nos habían impactado, de las que no tanto e incluso de ese salón amplio que era gratificante para quien visitara el lugar.
Nos retiramos dejando atrás el museo en quietud. Al salir, el día soleado había desaparecido por la oscuridad temprana del otoño. Caminamos comentando lo que habíamos visto y lo que podíamos llegar a hacer con ello. Me despedí de Daniel al llegar a la parada del colectivo que lo llevaba a su casa. En las cuadras restantes, retomé la cuestión que había quedado en mi cabeza. Laberinto, búsqueda, espejo. Retrospectiva, miradas. Proyecto. Todo era parte de algo. Recordé entonces mis pasos por el curso de arte que había llevado a cabo en mis dos últimos años de secundario. En ese entonces ya me había planteado la idea de hacer mi propio auto-descubrimiento. Es cuestión de seguir desarrollándolo, pensé. “En la meta esta el origen".
jueves, 11 de junio de 2009
lunes, 18 de mayo de 2009
Adiós a Mario Benedetti
El escritor uruguayo Mario Benedetti, fallecido este domingo a las 88 años, fue recordado hoy no sólo por sus virtudes literarias, sino sobre todo por las humanas, como el hombre bueno, sencillo, consecuente y alegre que fue."...Mi aire se acaba como agua en el desierto,mi vida se acorta pues no te llevo dentro. Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí..."
CORAZÓN CORAZA
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.
sábado, 16 de mayo de 2009
Estación Central

En primer lugar, y para posteriormente poder hablar de la película en cuestión, debemos tener en cuenta las reglas del género cinematográfico Road Movie, donde el argumento de la película se desarrolla a lo largo de un viaje. En cada segmento de la narrativa los protagonistas se enfrentan con un desafío, cuyo cumplimiento revela parte de la trama. Estación Central, no solo abre las puertas al desafío de la búsqueda de identidad de los personajes sino que también deja ver la importancia de la escritura y el papel que juegan las cartas a la hora de la posible comunicación.El personaje de Dora encarna esta cuestión. Es ella quien toma la postura de escribir por aquellos analfabetos que tienen deseos de expresarse y hacer llegar sus cartas a destino. Si bien Dora recibe el reconocimiento de sus clientes, su único interés es la obtención de dinero a través de este gesto.Con el transcurso de la película y las diferentes situaciones que los personajes principales deben afrontar, el valor de la escritura se hace mayormente notorio. El gran número de analfabetos que se muestran en los escenarios donde se lleva a cabo la historia no es un dato menor, ya que dan pie a esta importancia de la cual hablamos; nos muestra como la gente que no tiene las posibilidades de poder escribir y leer, queda apartada y hasta cierto punto limitada en condiciones. Tal es así, que podemos hacer mención a la parte en la que los hermanos de Josué esperan desde hace meses quien tenga estos conocimientos para leerles la carta que su padre dejó hace tiempo.Las consecuencias, los efectos mismos del viaje también se hacen ver con el transcurso de la trama. Las esperanzas de Josué de conocer a su padre se incrementan. La búsqueda de compañía y amor de Dora parecen resurgir de entre tantos sentimientos, dejando de lado su arrogancia y ambición. Entre ambos surge una relación que transforma sus vidas e incluso le permite a Isadora identificarse con la historia de vida de Josué.El viaje no solo revela las consecuencias de la escritura. Sino que también permite a sus personajes redescubrir algo sobre sí mismos en lugar de sobre el lugar al que han llegado.
Escena de Estación Central, Josué y Dora.
jueves, 14 de mayo de 2009
Esperándome

Sabíamos lo ocurrido a pesar del tiempo que ya había pasado y la idea de creerlo era insólita.
Lo que parecía eterno y distante lo acercábamos, llegábamos a acariciarlo.
La espera y el misterio que nos traía aquella historia difícil de creer, era lo que aún después de tantos años nos hacía esperar…
Ciclo de muestras: Mirada sobre Malvinas
“Alegres, despreocupados y bromeando, posan antes de viajar a las islas. Adolescentes apenas, con los ojos llenos de incertidumbre, una dura prueba los aguarda. Al regreso, no serán los mismos”.
“La última recomendación, el llanto apunto de aflorar, los hermanos más chicos parecen no comprender la situación. El recorte de diario se asocia a una despedida no deseada”.
“Los primero días. El esfuerzo y frío se hacen sentir. El peso del equipo obliga a agachar la cabeza y avanzar. Algunos, tienen tiempo para saludar y sonreír. Entre ellos la celeste y blanca”.
“Domingo 2 de Mayo de 1982, pasadas las 16. Dos estallidos sacuden el crucero General Belgrano. La mole herida por dos torpedos lanzados desde un submarino nuclear, comienza a escorar. En minutos se va a pique. Una cámara capta el momento. En aquellos primero minutos, más de 300 hombres pierden la vida. El resto escapa en botes inflables. Son más de 700. Un hecho decisivo para el devenir del conflicto”.
“Al principio, cuando anunciaban algún ataque siempre miraba para arriba buscando la foto y como los ingleses llegaban al caer la tarde, no captaba nada. Ese día, miré para abajo esta toma en la calle Ross, frente a la casa donde vivíamos. Me quedó justa, la posición de los pies y la trompa del jeep con las luces encendidas” recuerda el fotógrafo Eduardo Farre.
“En fila india y ya desarmados, estos conscriptos caminan hasta donde quedarán acantonados. Luego, regresarán al continente. Una sonrisa destaca entre tanta resignación y por supuesto, cierto alivio”.
“Estás vivo, hijo querido” Con la emoción del reencuentro, las manos y el beso conjugan el fin de la angustia de meses de espera e incertidumbre”

